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domingo, 18 de diciembre de 2011

"Este es un Gobierno para y con los trabajadores"

Lo afirmó el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, durante un acto de cierre de año con agrupaciones porteñas que conforman el FpV, en un acto llevado a cabo en la sede del Sindicato Argentino de Televisión (SAT).

Ante unos trescientos militantes de distintas corrientes kirchneristas, Tomada convocó a transitar el tercer período "siendo generosos, amplios, plurales, bajo la identidad del peronismo y buscando una construcción más amplia con sectores que acompañen el proyecto nacional y popular".

"Vamos a cuidar a este Gobierno y fortalecerlo con medidas que impliquen la profundización del proyecto iniciado en 2003 por el ex presidente Néstor Kirchner", arengó Tomada ante la militancia, a la que convocó a "trabajar y dar testimonio vivo de su trabajo" bajo el concepto de "pelear por lo que crean justo".

También auguró que "será un año muy duro", porque "la derecha no se va a rendir y continuará defendiendo los derechos corporativos".

"La derecha está nerviosa porque sabe que empezó el tercer período del proyecto nacional y popular, y cuando los intereses económicos concentrados se oponen a una ley, en principio creo que esa ley es justa", dijo al referirse puntualmente al nuevo estatuto del peón rural.

"El Gobierno dio testimonio de gobernar con leyes que defienden la producción y el trabajo, de manera que el rumbo queda ratificado", y remarcó que "el camino no es el ajuste, sino fortalecer el empleo".

"Con leyes como las aprobadas esta semana, se ratifica cuál es nuestra pertenencia y por mandato histórico y por voluntad política, siempre vamos a estar del lado de los más humildes", remarcó.

En la reunión, llevada a cabo en la sede del Sindicato Argentino de Televisión del barrio porteño de Caballito, Tomada además llamó a los porteños del FpV a "militar, ordenar, reflexionar y transmitir como profetas de este nuevo ciclo".

viernes, 11 de marzo de 2011

Aquel balcón de Oro y Santa Fe



Por Carlos Tomada *


Hay fechas que la fuerza de los hechos y el peso de la historia legitiman como emblemas. El 11 de marzo es una de ellas. No sólo por lo ocurrido en 1973, sino por la huella que dejaron estos casi 40 años posteriores. Este día es conmovedor para el peronismo, pero también lo es para todo el conjunto del movimiento nacional y popular.

La consagración en las urnas de Héctor Cámpora como presidente de la Nación reúne un conjunto de símbolos y analogías con este presente. No está de más repasar algunos casos o comparar aquel período histórico con el proceso que estamos viviendo los argentinos desde 2003. Las pautas programáticas del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) fueron durante mucho tiempo plataforma de coincidencia de la máxima expresión de las fuerzas políticas que se unían en la necesidad de enfrentar al enemigo –imperial, por cierto– que acechaba en aquella época.

Aquellas políticas públicas tienen puntos en común con el discurso que Néstor Kirchner pronunciara el 25 de mayo de hace ocho años. También con cada una de las intervenciones que Cristina Fernández de Kirchner realiza cada 1º de marzo en el Congreso de la Nación. Recordemos. El papel del Estado en la política económica de José Gelbard. El lugar de la educación. Las nuevas universidades en la gestión del doctor Taiana. Transformaciones concretas que hoy podrían ser equiparables con el lugar que el Estado ha recuperado en nuestra economía. O con los nuevos presupuestos que se han destinado a la educación. También con la creación del Ministerio de Ciencia y Técnica.

Para quienes vivimos esa época siempre estarán presentes las palabras memorables del general Carcagno en Caracas como antecedente inmediato del papel que se fijó para las Fuerzas Armadas en estos años. Ante la Policía Federal, en 1973, Esteban Righi pronunció un discurso que sin lugar a dudas tiene la misma orientación que por estos días la ministra Nilda Garré –antes de Defensa y hoy de Seguridad– le está dando a esta fuerza. Y hablando de discursos y evocaciones, Juan Carlos Puig, quien era ministro de Relaciones Exteriores, trazó en aquellos años toda una definición de nuestra política exterior en Lima que hoy podríamos marcar como inspiración de los destinos que rigen nuestra Cancillería.

Completar estas similitudes demandaría muchas líneas. En la idea de abreviar, se podría ejemplificar con la articulación que el general Perón diseñara a modo de alianza entre la CGT y la CGE como un camino que ilumina la voluntad de nuestro gobierno. O el excepcional papel que la Juventud Peronista jugara en el retorno de Perón el 17 de noviembre del ’72 y en la campaña electoral del verano del ’73. Referencias históricas elementales para quienes aún no entienden la nueva dinámica juvenil que se ha generado desde 2003 y que se hizo más visible en esos últimos meses.

Valorizar la historia y la política hace que sea indispensable no acordarse sólo de algunas cosas. Como pendiente quedaron en el debe los enfrentamientos en el interior del movimiento popular. Pero como si todos hubiésemos tomado debida nota de aquellos años, hoy conviven –en un mundo no exento de tensiones y diferencias– la CGT y los movimientos sociales, La Cámpora y la Juventud Sindical.

La muerte de Perón abortó aquel proceso para dar lugar a un franco retroceso que desembocaría en el golpe de Estado de 1976. Un golpe que nos marcó para siempre. Y que, como todo dolor, nos dejó un aprendizaje fundamental para no retroceder. Para no volver atrás.

La muerte de Néstor Kirchner, como toda tristeza, también nos dejó una enseñanza: una revalorización de la militancia. Un nuevo punto de partida amplio, popular y participativo donde los jóvenes han llegado otra vez para quedarse.

Aquel balcón de Oro y Santa Fe y el saludo de Héctor Cámpora, “el Tío”, son un recuerdo imborrable para nosotros. Para una memoria que se niega a olvidar a quienes ya no están, pero que con su ejemplo y sus banderas siguen presentes iluminando el futuro.

* Ministro de Trabajo, precandidato a jefe de Gobierno porteño.

Fuente: Página/12

jueves, 24 de junio de 2010

Cristina y Tomada en el Congreso de la Confederación Sindical Internacional

“Hay una ofensiva de la derecha para imponer una rebaja en las condiciones laborales”, advierte el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en entrevista con Página/12. El funcionario acompaña a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para participar del segundo congreso de la Confederación Sindical Internacional (CSI), que comenzó el lunes y concluye mañana en esta ciudad. La unificada central de trabajadores fijó su cumbre para esta fecha con intención de enviar un mensaje a los líderes del G-20, que se reunirán el próximo fin de semana en Toronto. El encuentro se produce en momentos en que avanzan las políticas de ajuste y flexibilización laboral en buena parte de Europa. “Hay una idea de hacer pagar la crisis a los sectores más débiles, y también a los países más débiles”, sostiene Tomada, quien alerta sobre la vocación de países centrales y organismos como el FMI para extender aquellas recetas al resto del mundo.
Cristina fue invitada a exponer hoy en la CSI en reconocimiento a sus gestiones para sumar a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a los cónclaves del G-20. En un principio también iba a venir el presidente de Brasil, Lula Da Silva, pero luego esa visita se canceló. En cambio, curiosamente, el otro mandatario que estará presente será el de Grecia, país que impuso violentos recortes a los derechos de trabajadores y jubilados.

Ir al artículo en Página/12

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Kraft: "la empresa toma la decisión de tomarse una revancha con trabajadores"


Hoy Página/12 publica una entrevista al ministro Carlos Tomada y a Noemí Rial donde se analizan algunos aspectos del conflicto en la fábrica Kraft (ex Terrabusi). Reproducimos algunos fragmentos:


–Más allá de todas las intervenciones que ustedes describen, los trabajadores le reclaman al Ministerio que hizo poco para terminar el conflicto.
Carlos Tomada: –Lo que llaman inacción fue un trabajo permanente de varios funcionarios del ministerio para poder armar una mesa de negociaciones, a la que se negaron sistemáticamente ambas partes. Acá ha habido una actitud de intransigencia patronal muy grande, al punto tal que cuando nos sentamos a negociar el lunes por primera vez un principio de solución, se reunieron cada uno en una oficina separada en donde nosotros hacíamos de intermediarios. Habla de una actitud donde todas las reglas y todas las prácticas, que muchas veces no trascienden en los medios, fracasaban porque nadie quería buscar la salida. Lo decimos habiendo intervenido en innumerable cantidad de conflictos tan difíciles o duros como este y haber siempre encontrado un resquicio. Esta vuelta no lo encontramos.


–¿La participación y actitud de Ministerio de Trabajo fueron distintos durante este conflicto? ¿Faltó decisión política?
C.T: –No. Hemos transpirado desactivando conflictos con sindicatos que responden a la CTA, o de cualquier gremio barrionuevista. En los últimos años se recuperó la capacidad de arbitraje del Estado, de mediación. Pero en este caso fue imposible lograr que las partes se sentaran. No solamente tuvimos reuniones con ellos, sino que mandamos inspectores y fueron maltratados en la empresa por la comisión interna. Los trabajadores tienen sus puestos asegurados. No nos pueden decir que nos desentendemos de los temas o que no hemos actuado.


–Si no tiene que ver con una cuestión económica, ¿dónde se enmarca el conflicto?
C. T.: –En un conflicto donde la empresa toma la decisión de tomarse una revancha con trabajadores a los que acusa de haber roto y no permitir la salida de directivos del establecimiento. Este es un conflicto de otro orden, no es un conflicto laboral como en los que nosotros intervenimos para defender los puestos de trabajo. Los casi tres mil puestos de trabajo están asegurados, la empresa se comprometió a no tocar a nadie de los tres turnos. El conflicto tiene aristas complejas, que excede a los despidos. Es un conflicto político. En todo caso, esa calificación no tiene que ser descalificante.

–¿Qué rol jugó la embajada de Estados Unidos en el desarrollo del conflicto?
C. T.: –Todo eso es una ridiculez. Que haya sido sostenido por algunos medios es un agravio. Hemos tenido cientos de conflictos con firmas norteamericanas, alemanas, francesas. En muchos casos nos han llamado para averiguar pero para nosotros jamás ha sido una presión. A mí me presiona mucho más la situación de un trabajador despedido que el llamado de cualquier embajada.


–El titular de la Unión Industrial, Héctor Méndez, advirtió que existe un “panorama muy complicado con conflictos como el de Kraft que se reproducen en distintas provincias”.
C. T.: –Me sorprendieron mucho las declaraciones de Méndez. No es lo que me dice cuando se reúne con nosotros y nos agradece las gestiones para resolver los conflictos.
N. R.: –En el curso de un escenario de crisis global del empleo se firmaron 350 acuerdos salariales, cuando nadie en el mundo habló de salarios. De todos esos, le pregunto a Méndez cuántos conflictos reales hubo. Que me nombre tres seguidos. La UOM no llegó a extremos de este tipo, petroleros privados lo resolvimos, Techint se desactivó, con el Repro (Recuperación Productiva, subsidio al salario en empresas en situación de crisis) evitamos muchísimos despidos y suspensiones. Méndez, en varias oportunidades, reconoció lo bien que le fue durante la gestión Kirchner. Más de 4 millones de trabajadores cerraron acuerdos sin conflicto. Es llamativo que la UIA tome parte tan rápido sin consultarnos antes. El conflicto de Kraft es complejo, como pasó con el Garrahan, porque se extiende en el tiempo y cuando sucede esto pierden los trabajadores. Nosotros se lo dijimos a (Ramón) Bogado (delegado). Los que menos resto tienen son los trabajadores.


–¿Cómo evalúan las repercusiones sociales que tuvo el conflicto?
C. T.: –No hay condiciones objetivas, ni económicas ni sociales para los innumerables cortes de tránsito que se están realizando. Es muy raro. No digo que estemos en el mejor de los mundos en materia social, pero tampoco estamos en el quinto infierno. En la radio, en la televisión y los diarios hablan de cortes y paros por todos lados, pero yo me pregunto: ¿Por qué no hablaban igual de los cortes cuando estaba el conflicto con el campo? Ahora están todos sacados con que no se puede vivir en la ciudad de Buenos Aires por el “caos” que significan los cortes de calles. Durante el conflicto con el campo estaban desabasteciendo el país y los mismos que ahora se quejan los justificaban.