viernes, 30 de abril de 2010

Cristina homenajea a las Madres a 33 años de que echaran a caminar a la Argentina antidictatorial

Querida Hebe, querida Teresa, Madres, amigos, amigas: en realidad, Hebe y Madres, no tienen que darme las gracias ni a mí ni a nadie, los que tenemos que darles las gracias a ustedes somos los argentinos porque fue por el esfuerzo de ustedes que comenzó, hace exactamente hoy 33 años -por eso también estamos hoy entre otras cosas aquí- a darse a conocer a los argentinos y al mundo lo que pasaba en nuestro país.

Recién venía caminando con Teresa, la directora de este maravilloso centro cultural que han hecho las Madres aquí, una de nuestras mejores artistas populares, gracias Teresa por el compromiso, gracias. (Aplausos) Gracias porque el arte cuando se expresa a través de sus formas más prístinas, más puras, como lo hacés vos con tu excelencia, pero que además une la excelencia de lo artístico al compromiso de lo político, alcanza su gran grado de excelencia de artista popular. Por eso muchas gracias Teresa por ese compromiso. (Aplausos)

Pero cuando venía caminando recién con Teresa y con Hebe venía pensando cuando venía para acá -por eso decía que no tenés que darme las gracias ni a mí ni a nadie Hebe- cómo fueron los años de la dictadura y los distintos procesos políticos que hubo en el continente, las dictaduras militares que también fueron derrotadas y se retiraron. Pero las características de la derrota política de la dictadura militar argentina fue diferente a lo que pasó en otros lados. En Chile por ejemplo Pinochet se retiró luego de un movimiento civil poderoso que en aquel famoso plebiscito le ocasionó la derrota política con el no, yo me acuerdo que estábamos en Santa Cruz y nosotros participamos activamente desde Santa Cruz porque la colonia chilena es muy importante, la más importante sin lugar a dudas. Se me ocurre otra dictadura como la de Anastasio Somoza, también derrotada por las luchas populares del pueblo, de la sociedad. Aquí no, aquí la dictadura militar fue derrotada por sus propias víctimas, por los muertos que ustedes representaban como madres y que se atrevieron como nadie, porque eran madres claro, a denunciarlos, y por los otros muertos, los de Malvinas; fueron los dos juntos, los detenidos desaparecidos y los combatientes muertos de Malvinas los que verdaderamente derrotaron la dictadura. (Aplausos)

Esto nos obliga a una reflexión sobre nosotros mismos como sociedad y la verdad es que siempre admiré dos cosas en Madres y en todas las organizaciones de derechos humanos, pero fundamentalmente en Madres que fueron las primeras en salir con sus pañuelos blancos, que además identificaron en el mundo la lucha contra la dictadura. La primera, el valor que nadie tuvo y cuando digo nadie es nadie, solamente ustedes, vos Hebe que te sacaste el delantal y sin saber una pizca de política ni entender nada de lo que podía ser la política, las ideologías, el cambio del mundo, saliste a buscar a tus hijos y a tus nueras. Otras que dejaron de tomar el té five o'clock y salieron a buscar a sus hijos, otras que dejaron de hacer ikebana, porque había de todo. ¿Y cuál era el hilo conductor que las unió y les permitió sin fisuras entablar una lucha absolutamente desigual, como la de David y Goliat? El hecho de ser madres y pelear por sus hijos. Siempre pienso qué hubiera hecho yo si me hubieran desaparecido mis dos hijos, los dos hijos que tengo hoy. Y ahí viene la otra parte, la segunda, que siempre admiré profundamente, la reacción de ustedes que nunca fue de violencia, nunca las escuché pedir la pena de muerte para nada ni para nadie, ojo que sabían que habían secuestrado, torturado, tirado al río a sus hijos. Yo siempre me interpelo, e interpelo también a través de mí a todos, qué haríamos cada uno de nosotros hoy si de repente nos desaparecieran a nuestros hijos desde el Estado, no desde lo que pueda ser un hecho que suele suceder en todas partes del mundo, en accidentes, en hechos de delincuencia, en hechos de víctimas; pero si además de eso hubiéramos sabido que los torturaron, los secuestraron, desaparecieron y ni siquiera tenemos el consuelo que puede tener cualquiera de ir a colocar una flor en la tumba de un hijo o ir a visitarlo a la cárcel, si es que hizo algo horrible, pero puede tenerlo ahí. Siempre me interpelo, ¿tal vez hubiera hecho como ustedes, pedir justicia, o hubiera convertido como vemos a menudo algunos episodios en que se reclaman cosas como la pena de muerte o cosas terribles? Siempre me pregunto, por eso les admiro el temple, pero por sobre todas las cosas la humanidad, porque eso es tener humanidad, hacer gala a la mejor parte de la condición humana, porque también está la otra parte horrible de la condición humana que no podemos ignorar.

Eso tal vez sea digamos lo más movilizador, sería fácil pensar que los que estuvieron aquí antes de ahora, antes de que hubiera vida, antes de que hubiera arte, eran monstruos; sería fácil porque entonces nos sentiríamos tranquilos, son monstruos y los monstruos son pocos. Pero no, seguramente cuando llegaban a sus casas besaban a sus hijos, a su mujer, saludaban al vecino, iban a comprar el fin de semana al supermercado como cualquiera de nosotros. Y esto nos obliga, creo, más allá de las ideas, más allá de las posiciones, a una profunda reflexión sobre cada uno de nosotros, sobre nuestra sociedad y fundamentalmente sobre esta posibilidad que tenemos hoy aquí de que, como señalaba Hebe, en un lugar en el que hubo tanta muerte, tanta desolación, tanto dolor, hoy podamos en este anfiteatro venir a inaugurar un microcine donado por un pastor pentecostal, al que agradecemos en nombre de todos esta contribución. (Aplausos). Microcine que se llama Che Guevara. (Aplausos) Además nos damos el gusto de hacerlo con la presencia del hermano del Che Guevara, Juan Martín Guevara que hoy nos acompaña. (Aplausos)

Cuando llegué me lo presentaron. ¿Viste que cuando uno llega a un lugar te presentan a fulanito, sultanito? Bueno, él es el hermano del Che Guevara, son presentaciones para las cuales uno no está muy preparada, es como lo que me pasó cuando fui a México y el nieto de León Trotsky hablaba del abuelo, me mostraba la casa donde lo habían asesinado y me decía yo dormía acá y el abuelo allá. Entonces cuando uno escucha a estos personajes vinculados a la historia, hermanados con la historia, relatar esto, siente una fuerte impresión.

Yo les contaba a Hebe y a Teresa que el día 25 de Mayo, cuando celebremos nuestro Bicentenario, vamos a inaugurar en la Casa Rosada una galería de patriotas latinoamericanos, donde va a haber retratos donados por distintos países de quienes fueron los hombres y mujeres que construyeron sus independencias y sus libertades, y allí va a estar la figura de Ernesto Che Guevara donada por el gobierno de la República Socialista de Cuba. (Aplausos) Ya nos llegó, junto obviamente al retrato de José Martí el gran héroe de la independencia. (Aplausos)

Y la verdad que le tenemos dar gracias a las Madres, porque la democracia se fue construyendo de apoco, formalmente comenzó un 10 de diciembre de 1983, el 30 de octubre pudimos ir a votar por primera vez en décadas a una elección libre y sin proscripciones de ninguna naturaleza. Parece mentira escuchar estas cosas, seguramente muchos jóvenes tal vez no vivieron esa etapa. Pero por primera vez, y eso que soy del año '53, pude votar en una elección libre sin proscripciones, porque no lo había podido hacer tampoco en 1973, donde también había habido proscripciones de candidato en ese caso y no de partidos. Por primera vez desde el año ‘55 se podía votar sin proscripciones.

Pero allí, en esa historia que fuimos construyendo, hubo también distintos pasos y distintos momentos. Un tema que hoy está tan llevado y traído de un lado para otro, libertad de expresión, algo que todavía no hemos podido lograr en la República Argentina, porque libertad de expresión sería que todas, absolutamente todas las voces pudieran escucharse en todos lados. Y todavía no lo podemos hacer porque todavía no se puede aplicar esa Ley de Servicios de Medios Audiovisuales, que fue votada por una mayoría transversal en ambas cámaras, y que consagra, reconocido casi a nivel mundial, la posibilidad de que todos, absolutamente todos, puedan tener un medio de expresión que llegue a la sociedad. Libertad de expresión en una sociedad como hoy donde los medios de comunicación, no solamente aquí sino en todo el mundo, tienen el monopolio de la comunicación, es lograr que esos instrumentos puedan llegar a organizaciones populares, a sindicatos, a universidades, a pueblos originarios, es también ampliar el universo de la libertad de expresión. Yo tengo la fuerte esperanza de que decisiones que no entran en ninguna biblioteca ni en ninguna cabeza, como a través de una medida cautelar interrumpir la aplicación de una Ley, puedan ser subsanadas por el sistema judicial argentino y podamos tener en vigencia prontamente esta Ley.

Y quiero decirles también que pese a esto, pese todas estas cosas, hemos alcanzado igualmente en la República Argentina un grado donde cualquiera puede decir lo que se le dé la gana sin temor a ser ni reprimido ni golpeado, es más creo que como nunca se pueden dar expresiones populares en la calle sin que sean reprimidas. Cosas que por allí nos critican desde algunos lados duramente porque dicen que deberíamos por la fuerza impedir aquello o impedir esto. ¿Pero saben qué? Yo prefiero 10 millones de críticas antes que llevar sobre mi conciencia que por un acto de represión le pasó algo malo a algún argentino (Aplausos) Y la verdad que es cierto, que reconozco que da bronca porque cuando tenés que ir al trabajo, cuando te descuentan del sueldo si llegás tarde, o simplemente porque tenés que ejercer tu derecho a transitar libremente como cualquier argentino, pequeños grupúsculos sin representación tal vez, pero con el ánimo de que alguien vaya a reprimirlos para tener una víctima. Yo siempre lo digo, hace tiempo que están buscando alguna víctima. Les aseguro que mientras sea Presidenta no va a salir una sola orden de esta Presidenta para que haya una víctima. (Aplausos)

Porque después en una manipulación casi perversa, los que desde los medios o desde algunos medios te dicen cortaron y exacerban la bronca de la gente, la bronca natural de la gente de querer llegar y no poder hacerlo porque pequeños grupos sin representación hacen estas cosas, luego si pasa algo son los primeros que salen a azuzar contra la violencia, condoliéndose con la víctima, propiciando movilizaciones y manifestaciones contra la represión. Es casi de memoria, uno los ve tan previsibles que sabe lo que van a decir y hacer, por momento son hasta aburridos. Porque vieron que siempre está bueno la sorpresa, la cosa diferente, pero no, por momentos hasta se tornan aburridos.

Es el compromiso que tenemos. Nunca hubo esta libertad, ni siquiera en los albores de la democracia. Yo escucho a algunos dirigentes de algún partido político, y recuerdo cuando los canales de televisión en su totalidad estaban en manos del Estado, no éramos nosotros Gobierno, sin embargo había personajes, que tampoco simpatizan demasiado con nosotros, que no podían estar en los medios de comunicación porque al entonces partido gobernante no le gustaban. También recuerdo cuando se decretó el estado de sitio y se ordenó la detención de muchos periodistas, algunos que tampoco concuerdo ideológicamente con ellos.

Pero la verdad es que hemos ido avanzando los argentinos en la construcción democrática. Creo que junto, también hay que reconocerlo, cuando se derogó la figura del desacato, o sea que ya cualquiera podía insultar a cualquier gobernante y no por eso merecer prisión, fue también un adelanto. Y el último, cuando nosotros enviamos el proyecto de ley que fue sancionado por el Congreso Nacional para que nadie pudiera tener pena de cárcel por las cosas que dijera o que quisiera decir.

Y si se me permite el atrevimiento, me lo voy a tomar, después de tanto, si se han atrevido tanto conmigo que por qué no me voy a poder a atrever un poquito yo. (Aplausos) Si hay algún ícono o algo para ver dónde queda expresada con mayor densidad y con mayor amplitud la libertad de expresión y lo que se puede hacer en la República Argentina, desde los medios, desde la calle, desde donde quieran, es esta Presidenta. Yo no recuerdo en la historia de la República Argentina las cosas que se han dicho sobre mi persona, o se han hecho desde los medios de comunicación, desde partir la pantalla cuando hablaba yo como Presidenta y ponían a otro dirigente de alguna patronal a hacer morisquetas. ¿Ustedes se imaginan en los Estados Unidos que esté hablando el Presidente, le corten y aparezca alguien haciendo morisquetas? Ni en Chile, ni en Uruguay, ni en Brasil, ni en ninguna parte. Pero es bueno, es bueno porque permite demostrar en toda su extensión y en toda su intensidad el grado de libertades que vivimos, aún a costa de ser insultada, agraviada, descalificada, y ni siquiera desde la política, muchas veces desde la propia condición de género. No importa, vale la pena vivir en una sociedad con esta libertad de expresión, lo que sería bueno es que todos consideraran la libertad de expresión para todos, porque me parece que algunos se creen propietarios de la libertad de expresión y que solamente ellos pueden tener derecho a hablar del otro o sobre los otros. (Aplausos)

Y esto no me parece que sea así, no me parece que haya una categoría especial de ciudadanos que esté por sobre los otros, sino está la Presidenta por sobre nadie por qué los demás. Porque podrían decir los abogados, los médicos, las enfermeras, los trabajadores, los dirigentes sindicales que no hablen de ellos. No, a ver si nos entendemos, la libertad de expresión es para todos en la República Argentina, para todos. (Aplausos)

Están los que marchaban con carteles en que yo aparecía con algunos adjetivos calificativos no muy santos, ¿usted vieron que me enojara? No, son las reglas del juego en la verdadera sociedad democrática y ante las verdaderas personas democráticas.

Perdoname Hebe que me haya tomado este tiempo para reflexionar acerca estas cosas y que lo haya hecho en este lugar, que además es muy simbólico porque acá se enterraron varias cosas: la libertad de expresión, acá se enterró la economía argentina, acá se enterró la posibilidad de una sociedad más justa y equitativa, y ahora estamos juntos celebrando. Veía el documental donde entraron bailando las murgas y los candombes cuando se hicieron cargo las Madres de esta parte que les corresponde, la verdad es que me parece todo un símbolo. Y si había alguien en la República Argentina que tenía derecho a tener un lugar aquí eran ustedes, no lo duden. (Aplausos).

Por eso estoy muy feliz de estar acompañándolas hoy aquí, en el 33 aniversario de la primera marcha, no es un día cualquiera, no es que vine el 30 de abril porque cayó viernes y venía el fin de semana, no, estoy aquí hoy porque hace 33 años exactamente, (aplausos), que un grupo de mujeres sin experiencia política, sin ningún grado de participación en el proceso que se vivía en aquellos años en la República Argentina, más allá de la militancia de sus hijos, se lanzaron a la calle a buscarlos, y buscándolos a ellos encontraron y construyeron la democracia, y construyendo y encontrando la democracia nos dieron la posibilidad esta que tenemos hoy, de que todos y cada uno de nosotros vivamos en una Argentina plural, democrática, ruidosa, sí ruidosa, pero por sobre todas las cosas con la posibilidad de expresarnos libremente.

Por eso Hebe nada de gracias ni a esta Presidenta, ni al anterior, ni a ninguno, a nadie. Esto lo hicieron ustedes y es de ustedes, las gracias son de nosotros hacia ustedes.

Muchas gracias y muy buenos días a todos y a todas. (Aplausos)

Libertad de expresión y usos políticos


Por Luis Bruschtein (Página 12)

Cualquiera puede criticar a Hebe de Bonafini y Hebe de Bonafini también puede criticar a quien le parezca. Se puede estar de acuerdo con Hebe de Bonafini o pensar al revés que ella. Nadie está obligado a coincidir. Todos tienen la posibilidad de responder. Son aclaraciones obvias, casi elementales. Otra más: nadie va a ir preso por el juicio que hizo la Asociación de Madres de Plaza de Mayo; no se trata de un juicio penal que termina con una condena, no es una institución formal de la República. Se trata, y nadie lo oculta porque se hace con ese objetivo, de un acto político. Así lo tomará el público, las personas, la gente y así sacarán sus conclusiones.

Ninguno de los actos de Hebe de Bonafini a favor de los desocupados y piqueteros o de los cientos que ha convocado provocó tanto alboroto. La Asociación de Madres de Plaza de Mayo ha realizado otros juicios de este tipo, obviamente propagandísticos y políticos, a jueces o abogados y empresarios que colaboraron con la dictadura. Este que le hacen a periodistas no es el primero y, sin embargo, sí es el primero al que se lo escracha tanto públicamente.

La Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, controlada por la oposición y cuyo principal mérito es oponerse a la ley de servicios audiovisuales, impulsó el repudio unánime de los diputados al acto de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Periodistas que viven de la libertad de expresión y una comisión legislativa que existe para preservarla, finalmente la terminan repudiando.

Es decir, la libertad de expresión es fantástica siempre que no afecte a los periodistas. En ese caso, la libertad de expresión afectaría a la libertad de expresión y hay que repudiarla. La libertad de expresión no somos los periodistas y menos las empresas que nos dan trabajo. Esa es una pequeñísima parte. Y una parte privilegiada en ese sentido, porque es la que tiene más recursos para expresarse y comunicar.

Esa confusión es peligrosa desde un punto de vista democrático y republicano. Y es más peligroso cuando los confundidos somos los periodistas y las empresas periodísticas. Los periodistas podemos ser criticados por cualquiera, incluso por otros periodistas.

Otra cosa son las amenazas anónimas o los actos de violencia. Eso no tiene nada que ver con la libertad de expresión. No es lo mismo el acto de Hebe de Bonafini que un cartel anónimo. Aunque el contenido sea similar (el cuestionamiento a algunos periodistas), en democracia el significado es totalmente opuesto. Uno es parte de la libertad de expresión (se coincida o no con él), pero lo anónimo y violento atenta contra ella. Por eso se equivocó el dictamen por mayoría de la Comisión de Diputados al mezclar todo. Porque de esa manera se corre el riesgo de montarse en una condena legítima y usarla para reprimir la expresión también legítima de otros ciudadanos con los que ellos disienten. Con lo que se podría llegar a un absurdo: la Comisión de Libertad de Expresión corre el riesgo de terminar coartando la Libertad de Expresión.

Hey Joe!





Tas bien jodido...

jueves, 29 de abril de 2010

Mientras los "periodistas independientes" se crispan, leemos a Emir Sader.


"La virulencia con la que la derecha y los medios masivos monopólicos de comunicación critican al gobierno provoca la defensa exacerbada de quien recibe las críticas, como asimismo la impresión de que esas posiciones son compartidas por muchos integrantes de la sociedad. Las críticas de los medios privados son típicamente de derecha (...). Para ellos, menos Estado no significa menos financiamientos privados y exención fiscal, pero sí reducción de contratación de personal, de gastos en políticas sociales e impuestos. También quiere decir más privatizaciones y nada de reglamentaciones estatales, ni en el mercado laboral, ni en la política de comunicaciones, ni en la criculación de capitales. (...) Y por eso prefieren cualquier candidato que pueda derrotar a Lula, o hacer que pierda votos su candidato más fuerte, antes que dar continuidad a su gobierno." (El nuevo topo, 2009)

Cambio climático


“El cambio climático se va a encargar de resolver el problema que Estados Unidos tiene con Cuba, porque en 50 años la isla va a desaparecer bajo el mar”, afirmó ayer muy jocoso el embajador estadounidense en México, cubano de nacimiento, para más datos, Carlos Pascual.

“No nos tenemos que preocupar mucho en Estados Unidos sobre Cuba porque el medio ambiente va a eliminar el problema para nosotros”, dijo el diplomático, provocando la risa de los asistentes a un foro sobre la problemática medioambiental, entre ellos investigadores y empresarios, según informan algunas agencias de prensa (DPA, EFE y Cubadebate).

Arizona, el miedo y el racismo


“Y llamó Jehová al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. (Génesis, 3,9)

Mucho se viene hablando de la ley antimigratoria y discriminadora de Arizona (EUA) y su relación con la llegada al gobierno de la derecha republicana. Pero para que la ecuación cierre falta otro componente que suma, y mucho, a este poderoso cóctel: el miedo.

El miedo, una sensación altamente contagiosa, que ya campea por las propaladoras de la derecha autóctona, fue el condimento que le dio sabor a lo que se cocinaba en el caldero de la derecha racista. Y eso ocurre en Arizona, y eso ocurre en Argentina. Porque les guste o no, lo que se trasluce tras el discurso de los crispados es el racismo, y el racismo es el miedo en estado bruto.

La ley con la que se pretende combatir la inmigración ilegal (esa inmigración que sólo en Arizona crea una riqueza valuada en el 2008 en 84 mil 17 millones de dólares) se construyó sobre el miedo a la creciente violencia delictiva, al creciente poder del narcotráfico, a la ocupación de viviendas y el postre de la frutilla: el asesinato, el mes pasado, del popular hacendado Rob Krentz, "aparentemente a manos de un indocumentado".

“La gente quiere que se haga algo. Están cansados de todo esto”, afirmó el senador estatal Russel Pearce, uno de los promotores del proyecto. "Es algo que debimos haber resuelto hace años. Es algo que no podemos seguir postergando”, afirmaba mientras tanto un ciudadano de apellido alemán que vive en un barrio en el que residen una buena cantidad de inmigrantes latinos y en el que comenzaron las redadas policiales.

El miedo, esa arma tan poderosa en manos de la derecha. Si lo sabrá la Iglesia Católica...

miércoles, 28 de abril de 2010

El duo pardepe


Aliviados, los porteños se enteraron hoy que el inefable rabino Sergio Bergman se convirtió en el nuevo asesor del Ministerio de Seguridad y Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, al suscribir un acuerdo con el ministro Guillermo Montenegro.

Santos caracoles Batman!

Etica revolucionaria


No sólo el caso Larrosa empaña por estos días al izquierdismo argentino, días atrás el Concejo Deliberante de Merlo suspendió de sus funciones al concejal Horacio Cepeda por 20 votos a favor y cuatro en contra, por haber mantenido en forma ilegal tres puestos públicos de dedicación exclusiva.

El combativo militante de Libres del Sur percibía un sueldo del ministerio de Desarrollo Social de la Nación, otro en la Dirección Provincial de Política Socio Educativa y otro como preceptor en una escuela de Merlo. Eso sí, un día antes de asumir como concejal Cepeda renunió a su cargo en el derechista Gobierno nacional.

Aseguran en Merlo que la moral revolucionaria se fue al carajo...

Los relatos del miedo y la crispación


Por Ricardo Forster*

1 No deja de ser llamativo el modo como se sobreexpone lo que recurrentemente desde ciertos grupos comunicacionales se denomina la “crispación”. Se lo hace focalizándola con exclusividad en lo que dice o deja de decir el Gobierno. Es el oficialismo, según esta visión parcial e interesada, el portador del virus de la violencia verbal e icónica que hoy se despliega por el país acechando la vida del conjunto de la sociedad. La radicalidad del mal está entre nosotros y su lugar de enunciación no es otro que el maléfico kirchnerismo. Toda relación con él supone, a los ojos de ciertos medios de comunicación y de ciertos políticos opositores muy propensos al uso de metáforas escatológicas y a adjetivar estomacalmente con palabras escabrosas y siempre denigratorias, quedar irremediablemente contaminado por el veneno que emana de quienes han llegado para instalar entre nosotros una suerte de dictadura (no deja de ser llamativo el uso espurio y prostibulario que se le da a una experiencia tan brutal y criminal para la memoria colectiva como lo ha sido la dictadura genocida para calificar a un gobierno democrático).

Cualquiera que ose utilizar argumentos en sintonía favorable con mucho de lo realizado en estos años cae inmediatamente bajo la sospecha de “la caja” (¿cuánto le pagan para escribir o decir lo que no debe ser escrito ni dicho sin caer en la peor de las corrupciones espirituales?), de ser un cómplice del autoritarismo y de estar al servicio de los intereses más oscuros y ruines. Lo llamativo, tal vez lo insólito, es que aquellos que esgrimen estos argumentos sofisticados siempre aclaran que la crispación y la violencia verbal provienen de los “rabiosos” kirchneristas o de sus intelectuales “a sueldo”. Basura retórica que siempre elude discutir lo que deberíamos discutir con libertad y altura argumentativa: ¿qué país desean? ¿Qué modelo de sociedad y de Estado defienden? ¿Qué piensan de la distribución más equitativa de la riqueza y de la apropiación de rentas extraordinarias? ¿Qué políticas económicas están dispuestos a implementar para “salvar a la República” del populismo? ¿Qué política de derechos humanos piensan sostener y qué piensan de los juicios contra los militares genocidas? ¿Qué piensan de jueces procesistas que impiden la aplicación de la ley de medios manteniendo, de ese modo, la heredada de la dictadura? ¿Cómo lograrán, si asumen una posición progresista, tocar los intereses de las corporaciones económicas sin “crispar” al establishment y sin poder recorrer, como lo hacen ahora a destajo, los programas de televisión que suelen representar esos intereses? Silencio. Después, claro, agresiones verbales de todo tipo que, eso sí, son virtuosas y virginales de acuerdo al parámetro de los grandes medios de comunicación. Lilita Carrió, Pino Solanas y Gerardo Morales, para citar apenas a estos tres referentes que circulan masivamente por el éter mediático, son maestros en el uso de metáforas catastrofistas y lapidadoras de cualquier acción oficialista sin que a sus interlocutores, siempre preocupados por la “crispación gubernamental”, se les ocurra señalar la sobredosis de violencia y de desprecio que emanan de tan ilustres retóricos del republicanismo argentino.

Todas las baterías se descargan para convencer a la opinión pública de que estamos delante de quienes buscan reducir la democracia a una suerte de monarquía patagónica al mismo tiempo que vacían las instituciones y hacen proliferar una lógica cada vez más autoritaria y corrupta. Vivimos, según estos cronistas del Apocalipsis, en la antesala del infierno signado por la influencia del chavismo, para los que se colocan en la derecha, o de la impostura neomenemista para los que se ponen supuestamente a la izquierda, y Argentina sería una suerte de caldera que acumula vapores y que está pronta para estallar. Su deseo manifiesto se inscribe en esta visión del fin del mundo que se asocia con “una rebelión cívica” que nos libere de la maldad congénita del matrimonio presidencial.

No importa comprobar que la mayoría abrumadora de los medios de comunicación está en manos de empresas que buscan horadar y deslegitimar al Gobierno; tampoco importa que el Congreso de la Nación funcione con una mayoría opositora que no tiene inconvenientes en transgredir el texto de la Constitución de acuerdo con sus necesidades y que desde el Poder Judicial se ejerza, como pocas veces se recuerda en la historia contemporánea, una acción independiente y, en muchos casos, claramente opuesta a las decisiones del Poder Ejecutivo; menos importa todavía que hayan sido primero el gobierno de Néstor Kirchner y ahora el de Cristina Fernández los que desterraron de plazas y calles del país la inclinación siempre represiva del establishment de turno y de las fuerzas policiales impidiendo, desde hace años, que cualquier protesta social sea reprimida. Todo eso no es suficiente a la hora de construir un relato inverosímil que habla de una Argentina atravesada por “el miedo”, “la censura” y la “crispación oficialista”. Bastan unos afiches sin firma con los rostros de algunos periodistas para hablar de persecución y de impunidad.

2 La palabra se repite y se repite desde las pantallas, desde las radios y desde la gráfica: “miedo”. Lo dice una senadora formoseña que en sus piruetas acaba de presentar una propuesta de modificación de la ley de servicios audiovisuales que nos retrotrae al espíritu de aquella que fue derogada y que huele a defensa de los monopolios y a neoliberalismo (pero a ningún periodista de esos que fijan opinión se le ocurre hablar de borocotización de la senadora que, viniendo del Frente para la Victoria, salta sin prejuicios hacia la oposición). Lo dice la anfitriona televisiva bien apoltronada en su eterna mesa de almuerzos pluralistas desde siempre imbuidos y atravesados por el “fervor democrático” (record de quien ha podido seguir almorzando con entera libertad bajo todos los gobiernos, dictatoriales y democráticos). Lo repiten algunos periodistas que parecen disfrutar de ese extraño lugar de víctimas en el que han sido colocados por unos afiches sin firma y por una lógica del escrache que no resiste el menor análisis y que constituye una herramienta nada democrática y utilizable para lo peor. Lo dicen y lo vuelven a repetir con ánimo de ofrecer una imagen de país atemorizado y gobernado por violentos y corruptos dispuestos a desnutrir democracia e instituciones con tal de “perpetuarse en el poder”.

Cada semana una descarga de artillería pesada cae sobre los argentinos abriendo cráteres que buscan producir un efecto de crisis e ingobernabilidad o mostrando una escena cotidiana en la que la violencia discursiva del oficialismo amenaza con volverse violencia física. “Crispación”, “autoritarismo”, “dictadura”, “impunidad institucional”, “violencia”, “fascismo”, “manipulación y censura”, “corrupción escandalosa” son las palabras más pronunciadas por la oposición política y mediática; su traducción a sentido común es obvia y brutal: vivimos en una democracia simulada que esconde un proceso autoritario y cuasi dictatorial en el que vida y bienes están amenazados por la impunidad de los Kirchner. Sacar las conclusiones también es de sentido común: defender la democracia contra sus sepultureros, ese parece ser el grito de guerra de los retóricos del miedo.

Lo dice con total impunidad e impudicia la revista Noticias que no tiene ningún inconveniente en caricaturizar a Néstor Kirchner con la figura de Adolf Hitler y de hablar de “fachosprogresistas” como un modo de inhabilitar a quienes no piensan como ellos. Lo dicen apelando al amarillismo más vergonzoso y a la ignorancia de quienes ni siquiera se toman la molestia de reflexionar lo que están escribiendo o de preocuparse por averiguar lo que supuestamente denuncian. Para ellos, citar a Carl Schmitt, jurista de derecha, católico y compañero de ruta del nacionalsocialismo en los años ’30, supone ser neonazi o algo por el estilo (ilustres escritores, ensayistas, políticos y filósofos del siglo XX quedarían inmediatamente bajo esa sospecha: entre nosotros podría citar a Pancho Aricó, fundador del grupo Pasado y Presente y uno de los más refinados intelectuales de la izquierda, que editó y prologó un libro del jurista alemán; o a Jorge Dotti, profesor de filosofía moderna, autor de un voluminoso y erudito libro sobre la recepción de Carl Schmitt en Argentina y él mismo un confeso admirador del jurista sin por eso abandonar sus perspectivas democráticas; lo han citado liberales, conservadores y marxistas, de la misma manera que Jacques Derrida le dedicó un libro, Políticas de la amistad, para analizar sus ideas, o, más lejos en el tiempo, el filósofo judeo-alemán Walter Benjamin elogió sus escritos tempranos como un material sin el cual él no hubiera podido avanzar en sus reflexiones sobre la modernidad, la violencia y la soberanía y, muy cerca nuestro, el filósofo italiano Giorgio Agamben no ha dejado de citarlo para intentar pensar el “estado de excepción” y la problemática del poder).

Para la revista Noticias, Chantal Mouffé, quien retoma algunos rasgos de la concepción schmittiana de la pareja “amigo-enemigo”, cae dentro de la clasificación de “fachoprogresista” y, por derivación directa, también lo hace Cristina Fernández que ha tenido la osadía de citar En torno a lo político, libro maldito en el que la autora, compañera de Ernesto Laclau, se detiene en el pensamiento schmittiano como una estrategia argumentativa que busca pensar críticamente la dimensión contemporánea de lo político destacando los límites de los discursos consensualistas y neutralizadores de matriz liberal y socialdemocrática, discursos que han sido funcionales, según Mouffé, al capitalismo neoliberal. ¿Qué decir de la operación de Noticias? ¿Acaso aquellos que se rasgan las vestiduras para defender a los “periodistas independientes” dicen algo de esta impudicia que vacía de todo contenido al propio nazismo? ¿No hay violencia y crispación en esa lógica de la calumnia que acusa de cómplices del peor y más cruel régimen de opresión del siglo XX a quienes tuvieron el atrevimiento de pensar de otro modo la problemática del conflicto en el interior de las sociedades democráticas? Más allá de la provocación, lo que muestran algunos periodistas es el crudo analfabetismo con el que suelen construir sus “investigaciones”. Para ellos leer es un trabajo descomunal. Más sencillo es repetir una y otra vez que estamos viviendo bajo un régimen antidemocrático que avanza hacia el fascismo. Así de simple y salvaje, así de pacífica, consensualista y virtuosa es la retórica de quienes anuncian a los cuatro vientos que la violencia y el miedo se han instalado en la Argentina de la mano de la voluntad autoritaria y omnipotente de los Kirchner. Cada quien sabrá sacar sus conclusiones y sabrá comprender qué se guarda bajo la retórica del miedo y bajo la impunidad argumentativa. Mientras tanto, cuidado con banalizar el sufrimiento de las víctimas reales de la historia; el límite de lo que no debe ni puede trivializarse termina cuando se enseñorea la impudicia, esa que intenta instalar nuevamente el miedo entre nosotros.

* Doctor en Filosofía, profesor de la UBA y la UNC

Fuente: Página/12