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domingo, 5 de diciembre de 2010

Claro como el agua

Hoy el suplemento económico de Página/12 publica un artículo de Roberto Navarro donde pone blanco sobre negro las diferencias de gestión entre Aguas Argentinas privada y AySA en manos del Estado argentino.

Algunos números: mientras en 13 años de gestión, los franceses brindaron servicio de agua potable a 460 mil nuevos usuarios; AySA, en cuatro años, habilitó el servicio a 1,2 millones de personas.

Mientras la compañía privada incluyó en el servicio cloacal a 210 mil usuarios; la empresa estatal lo hizo a 700 mil personas.

Ahora, lo más curioso (¿?) de la nota es este recuadro:

Las proyecciones para 2006 de Aguas Argentinas eran una facturación de unos 840 millones de pesos y gastos por 570 millones. Así la utilidad operativa sería de 270 millones de pesos, 25 por ciento de su facturación. La misma empresa contabilizó en ese año en ese indicador un 6 por ciento en Francia y un 7 por ciento en Bélgica. De todas maneras la empresa quería abandonar el negocio si no le permitían un aumento del 60 por ciento en las tarifas y la estatización de sus deudas en dólares. La batalla con Suez se jugó en todos los terrenos. Un grupo de funcionarios del Ministerio de Planificación estaba en alerta por la provisión de agua en el verano. Aguas, en uno de los tantos cruces con el Gobierno, había adelantado a fines de noviembre que podría haber problemas en el abastecimiento por falta de inversiones ante la intransigencia oficial de no dar el aumento de tarifas. En Planificación sospechaban de ese presagio. Entonces enviaron un emisario, en acuerdo con el gremio, para contactarse con los gerentes regionales de Aguas. De ese modo se aseguraron información directa sobre el funcionamiento de la compañía. En los primeros días de calor empezaron a registrarse problemas de presión. Esos empleados de Aguas informaron al emisario del Gobierno que la empresa apagaba a la noche la bomba de alimentación de las plantas de producción, con el argumento de ahorrar energía y así bajar costos. El gremio denunció esa maniobra, Aguas dejó de apagar la bomba y no hubo problemas de abastecimiento en el verano

sábado, 22 de agosto de 2009

El boom del agua embotellada llega a su fin


Leemos en La Nación de hoy:

"Entre 1990 y 1997, las ventas de agua embotellada en los Estados Unidos pasaron de 115 millones a 4000 millones de dólares. Entre 1997 y 2006, aumentaron el 170%, hasta totalizar 10.800 millones de dólares. Pero el año pasado, lo norteamericanos consumieron 400 millones de litros menos que el año anterior, de 110 litros per cápita en 2007, a 107 en 2008, según la revista Beverage World .

Hasta el severo Wall Street Journal se preguntaba la semana pasada si no estaríamos presenciando el principio del fin del boom del agua embotellada. Argumentó que Nestlé S.A., el mayor grupo en ventas de alimentos y bebidas del mundo, había registrado una caída del 3% en las ganancias de la primera mitad del año, y que el segmento más débil de su operación era la división de agua embotellada, responsable del 10% del total de las ventas de la compañía. Nestlé comercializa una docena de marcas de agua embotellada, incluidas Perrier, San Pellegrino, Poland Spring y Zephyrhills.
Un litro de agua embotellada en un supermercado cuesta un promedio de 70 centavos en los Estados Unidos. En un restaurante puede costar entre 4 y 8 dólares. Esto es más que el precio de la nafta, que en estos días anda en alrededor de 65 centavos el litro.

(...) El fenómeno está acompañado de estudios que demuestran que al agua embotellada que se vende en los Estados Unidos no es necesariamente ni más limpia ni más sana que la que proviene de las canillas, sino que, en varios casos, hasta es significativamente inferior.

Según una investigación de cuatro años realizada por el Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC), una de las más respetadas organizaciones ambientalistas del país, que incluyó el análisis de más de 1000 botellas de agua de 103 diferentes marcas, reveló que un tercio de ellas contenían diversos niveles de contaminación, incluso químicos orgánicos sintéticos, bacterias y arsénico.
El otro problema son las botellas. La mayor parte de los envases son de tereftalato de polietileno, un producto hecho a base de petróleo crudo. Según un estudio realizado por la Universidad de Louisville, se requieren 17 millones de barriles de petróleo para producir las 30.000 millones de botellas que se venden anualmente en los Estados Unidos.

Más grave aún, el 86% de estos envases no son reciclados, lo que significa que tomará entre 400 y 1000 años degradarlas, según el Instituto de Reciclaje de Envases (CRI). Esto ha llevado a muchos restaurantes y hoteles en las principales ciudades del país a dejar de ofrecer agua embotellada, citando sus preocupaciones ambientalistas, pero igualmente preocupados por el costo que implica la operación de descarte y reciclado de los envases. Prefieren instalar sistemas de filtrado y ofrecer el agua en bidones."


Se acabaron los '90. Avisen en Palermo Hollywood!