miércoles, 10 de agosto de 2011

Cristina 2011

“Acá estamos para sostener lo que hemos construido, y acá están ustedes para defenderlo, porque es de todos, de los 40 millones de argentinos. Falta mucho más por hacer porque siempre vamos a ir por más”

Dando cátedra


La vomitiva campaña de Alfonsín



Disculpen, pero no entendí la propuesta...

Cristina, Graciela y Alberto

Leemos a Horacio Verbitsky

Algunas afirmaciones de la presidente en el libro La Presidenta han dado lugar a réplicas, sobre las que puedo hablar con conocimiento de causa. Conocí a Graciela Ocaña cuando la joven diputada analizaba formas transparentes de financiación de los partidos políticos junto con Juan Manuel Abal Medina (h), Nilda Garré y el licenciado Carlos Alvarez; la vi con frecuencia cuando colaboraba con Elisa Carrió en la investigación sobre lavado de dinero y seguí con interés cómo cumplió la ímproba tarea de adecentar el PAMI que le encomendó Néstor Kirchner. Por eso me resulta incomprensible que pueda integrar el armado político de Francisco de Narváez. El rol de honesta en las peores compañías tapa de fango sus mejores aristas. La línea ascendente, del peronismo de San Justo al primer Frepaso, al primer ARI y al kirchnerismo se quiebra en forma abrupta. En pocas palabras: de investigadora de Gaith Pharaon a correligionaria de González Fraga, su vida política se convierte en una letra de tango. ¿Acaso ignora la contadora Ocaña que todos los bienes del candidato del Peornismo Opositor están inhibidos por la Justicia, hasta cubrir 87,3 millones de pesos, porque no pudo justificar ante la AFIP un incremento patrimonial del 900 por ciento con fondos provenientes de misteriosos fideicomisos? Del mismo modo, es asombroso que Ricardo Alfonsín, cuya ética republicana tiene un límite en Raúl Zaffaroni, se muestre sonriente del bracete con “Francisco” y llegue a decirle “Creo en vos”. Pero, sobre todo, es impactante la visita de Ocaña a la redacción del diario Clarín. Con sus rulos reprimidos de un planchazo y la expresión ausente de quien es víctima de un secuestro, narró allí un supuesto diálogo con Cristina, en marzo de 2009, cuando la presidente habría intercedido por el sindicalista bancario Juan Zanola. Como una niña pudorosa, Ocaña explica que dejó pasar dos años y medio para contarlo porque le daba vergüenza. Qué curiosa protección habrá sido esa, clamó la hija de Zanola, que sus padres llevan ya dos años presos, a disposición de un juez al que, sin embargo, se considera sensible a la voluntad oficial. Aparte de este hecho indesmentible, un recuerdo personal: Ocaña me contó que fue Alberto Fernández y no Cristina quien se opuso a que denunciara al superintendente de Servicios de Salud y recaudador de campaña Héctor Capaccioli.

On y off

Alberto respondió por una doble vía a las pocas frases que Cristina le dedicó. En un artículo con su firma se deshizo en elogios a Kirchner y lo contrastó con CFK, a quien denigró como nunca nadie. Pero en declaraciones off the record a los columnistas políticos de Clarín y de La Nación fue impiadoso con el ex presidente. Según Fernández, la mañana del 17 de julio de 2008, luego del voto del Senado contra la resolución 125, Kirchner instó a su esposa a dejar la presidencia, y fue el jefe de Gabinete quien le hizo cambiar de idea. El mediodía de aquel jueves, mientras almorzaba con Nilda Garré, recibí un llamado de Alberto Fernández. Me dijo algo parecido a lo que cuenta ahora y me pidió que tratara de disuadir a Cristina para que no hiciera esa locura. Hice el llamado y dejé el mensaje. Recibí la respuesta el sábado 19. Impresionado por el relato de Alberto, le transmití a Cristina el mismo mensaje de solidaridad y aliento que consta en mis columnas y en mis actividades públicas de aquella época, como la movilización callejera a la Plaza del Congreso. También ella me dijo algo similar a lo que cuenta ahora: que nunca pensó en renunciar, que se sentía con fuerza para capear todos los temporales e ir más allá de lo que pudiera preverse, que sabía quién era quién y que no la harían claudicar. Su tono era triste, severo y decidido. Pocos días después, Fernández le anticipó a la edición electrónica de Clarín la renuncia a la Jefatura de Gabinete que aún no conocían Cristina y Néstor. “Si no hacía eso, lo hubieran presentado como que me echaron, igual que a Javier de Urquiza”, se justificó ante mi extrañeza por su procedimiento tan desconsiderado con la presidente, que pasaba por su peor momento. Mucho después, cuando le pregunté a Cristina por qué había designado para sucederlo a Sergio Massa, me contestó que ante la maniobra de Fernández no tuvo tiempo de pensarlo dos veces. No me convenció, pero entiendo la urgencia con que a veces debe actuar un liderazgo político.

El tiro del final

Releo ahora mi columna del domingo 20 de julio de 2008: “El tema de discusión al día siguiente de la derrota en el Senado fue si es posible gobernar la Argentina cuando se ha perdido la mayoría en el Congreso y se afilan las hachas de la guerra para cobrar las audacias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en muy diversos campos. Un argumento postuló que de ahora en más sólo sería posible seguir acumulando derrotas o resignarse al rol de facilitador institucional de los intereses económicos más poderosos, y que mejor sería apurar el desenlace para ahorrarse esas opciones vergonzosas. Ya nada será igual, se regocijan las cámaras patronales, los políticos de la oposición y los medios que los acompañan como la sombra al cuerpo. El argumento opuesto replica que, como le pasó a Lula en Brasil, sólo se ha perdido una votación, por un margen muy estrecho. Ni la legitimidad institucional ni la fortaleza política del gobierno habrían sido afectadas. A este razonamiento se suman otros, de ética y de conveniencia: abandonar el gobierno y la presidencia partidaria desencadenaría una crisis institucional muy negativa para el país y desampararía a las personas y los sectores que, dentro y fuera del PJ, se jugaron por el proyecto kirchnerista. Además, si la derecha se hiciera cargo del gobierno recibiría una sólida situación económica y favorables condiciones internacionales. Esto le permitiría capitalizar los logros de la gestión actual, controlar la inflación con un típico ajuste del neoliberalismo sobre los más débiles y cargar en la cuenta de Kirchner y CFK los problemas que subsistieran”. Me parece que este texto contemporáneo de los hechos resuelve la contradicción entre los dos relatos. Allí donde no hay documentos, la historia se reconstruye a partir de las versiones contrapuestas de los protagonistas. Si en la conmoción de aquellas horas tremendas es normal que se hayan analizado distintas hipótesis, con dramatismo pero también con racionalidad, no es verosímil que haya sido Alberto quien recondujera a Cristina del desmayo al combate. La peripecia posterior de cada uno disipa cualquier duda. Mientras Alberto nutrió las fantasías de Scioli, Urtubey, Clarín, Techint y Gerardo Martínez sobre un poskirchnerismo antes de tiempo, Cristina ha recorrido con voluntad inflexible el curso de acción que me anticipó aquel sábado 19 y que ha puesto al país al reparo de las tempestades que llegan del Norte. La furia insultante de Alberto se desató por la referencia de Cristina a su vínculo con Clarín. Pero no hacía falta que lo dijera la presidente, porque lo saben hasta los dos jueces de la Corte Suprema a quienes el ex ministro abruma con sus alegatos informales a favor del Grupo en las causas pendientes. Estas descargas de Alberto y Graciela suenan a intentos de última hora por impedir lo inexorable, cuando se abran las urnas, este domingo.

Chile desconcierta a La Nación

Hoy La Nación se pregunta:

¿Qué fue lo que pasó en este Chile, exitoso miembro de la OCDE, orgulloso suscriptor de cuanto tratado de libre comercio existe, amable aliado de Estados Unidos, y que se jacta de detentar una transición democrática impecable, capaz de entregar -sin asomo de vicio alguno y ante el cerrado aplauso internacional- el poder a una coalición opositora de centroderecha?

Qué pachooo muchachooos?

martes, 9 de agosto de 2011

EL AVION "PULQUI"

La feria de ciencia y técnica Tecnópolis ofrece la oportunidad de conocer el prototipo de avión caza Pulqui, primer aparato a reacción construido en Latinoamérica de cuyo diseño en el Instituto Aerotécnico de Córdoba se cumplen 65 años, y cuyo bautismo de vuelo un año después significó un hito en la historia aeronática argentina.
La nave bautizada Pulqui por "flecha" en lengua mapuche, fue concebida con un primer aparato como demostrador de la incipiente tecnología de propulsión a reacción, en 1946, por iniciativa del entonces presidente Juan Domingo Perón.
El diseño fue obra de un equipo dirigido por el ingeniero francés Emile Dewoitine e integrado por los ingenieros argentinos Norberto Morchio y Humberto Ricciardi -en cálculos de estructura- y el ingeniero Enrique Cardeillac -coordinador logístico-, en el Instituto Aerotécnico de Córdoba, informó el ministerio de Defensa.
La nave -que realizó el vuelo de bautismo al año siguiente, el 9 de agosto de 1947, con el comando del capitán Edmundo “Pincho” Weiss- puede verse en uno de los patios de exhibición del ministerio de Defensa en el continente Aire de Tecnópolis, en Avenida General Paz y Consituyentes.
Diseñado como caza interceptor, el “Pulqui I” fue el primer aparato a reacción construido en Latinoamérica y posicionó a la Argentina en la vanguardia de la industria aeronáutica al ser el sexto país a nivel mundial en fabricar un avión a reacción.
El "Pulqui I" en exhibición fue restaurado en el Área Material de Río Cuarto, de la Fuerza Aérea Argentina,
constituyéndose en una joya de la historia aeronáutica del país. La nave tiene casi 10 metros de longitud, unos 11 metros de envergadura y tres metros y medio de altura, con un peso de unos 2.350 kilos y velocidad crucero de 600 kilómetros por hora.
La fábrica construyó un único prototipo del “Pulqui I” y continuó el desarrollo con el “Pulqui II”, que adoptó las novedades técnicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y tuvo su vuelo de bautismo el 16 de junio de 1950.
El diseño de esta nueva nave estuvo a cargo de profesor alemán Kurt Tank, secundado por un equipo de ingenieros alemanes al que se sumaron los ingenieros argentinos Morchio y Ricciardi, para el desarrollo de un caza capaz de velocidades superiores a 1.050 kilómetros por hora y una altura máxima de vuelo de 10 mil metros.
A mediados de 1950, dos prototipos fueron terminados: uno para hacer los ensayos estáticos y el otro para un primer vuelo bajo el comando del teniente Edmundo Weiss.
Luego se construyeron tres prototipos más, hasta que en 1955 estuvieron dadas las condiciones para comenzar la producción en serie, pero los ex dictadores Eduardo Lonardi y Pedro Aramburu cancelaron el proyecto.
El “Pulqui II” en exhibición en Tecnópolis es el quinto prototipo y único ejemplar que queda desde entonces, restaurado también en el Área Material del Río Cuarto, de la Fuerza Aérea Argentina.- (Télam).

La deuda argentina luego de la reestructuración

Destaca hoy Página/12

■El stock de deuda argentina al 31 de marzo pasado representa el 46 por ciento del PIB, mientras que en 2002 representaba el 166 por ciento.


■Casi el 50 por ciento está en manos de organismos del Sector Público Nacional, reduciendo la dependencia con los mercados financieros.

■Sólo el 36 por ciento del total está en manos del Sector Privado y representa el 16,7 por ciento del PIB. Es uno de los niveles más bajos en el plano internacional.

■La deuda en moneda extranjera como porcentaje de reservas cayó desde 1155 por ciento en 2002 al 185 por ciento en 2010, mientras que como porcentaje de las exportaciones cayó del 415 por ciento en 2002 al 118 en 2010.

■Mientras en 2001 el 97 por ciento de la deuda pública estaba denominada en dólares, actualmente el 40 por ciento está denominado en pesos, reduciendo los condicionamientos que eso genera sobre la política cambiaria.

■La vida promedio de la deuda pública prácticamente se duplicó desde 2002, yendo de 6 años a 11,2 años en la actualidad.

■El peso de la deuda (en términos de servicios a pagar) con los mercados financieros cayó del 15 por ciento del PBI en 2001 a menos del 3 durante los próximos 5 años.

■En 2001, los intereses de la deuda representaron el 22 por ciento de los recursos tributarios, en tanto que actualmente alcanzan al 5,2.

Mientras tanto, todos estos años los cráneos de la oposición rompieron las bolas con enfriar la economía, impedir la creación del fondo del Bicentenario, tomar deuda del sistema financiero internacional a tasas de dos dígitos, etc, etc...

Qué hacer?

Leemos

La fuerte caída de la Bolsa es simplemente el efecto inmediato de la baja en la calificación sobre la deuda norteamericana. Pero ese no es el punto central ni mucho menos un indicador de la profundidad de la crisis. Para los países como los nuestros, en desarrollo, la solución será cuidar la divisa internacional. Todavía no asoma en el mundo ningún país que quiera ni pueda hacerse cargo de un cambio en la moneda de reserva. Por eso el patrón dólar seguirá siendo la moneda fuerte, y obviamente esto se explica por factores políticos más que económicos. La clave será sentarse sobre los dólares, cuidar esta moneda. En este sentido, creo que deberemos profundizar la sustitución de importaciones, con un fuerte rol del Estado. El mercado no hará nada por mejorar la balanza comercial, es el sector público quien deberá hacerse cargo. Hay que mejorar los índices de productividad de las empresas y potenciar las cadenas de valor. La crisis internacional puede ser la excusa perfecta para profundizar alguna de estas medidas, sobre todo teniendo en cuenta que para fin de año la cuenta corriente terminará bastante equilibrada, pero para el próximo año podría quedar en la cuerda floja. Lo que ocurra con las Bolsas es sólo un reflejo, lo más importante es lo que vaya a pasar en el largo plazo. Por eso el Estado debería imponer mayores controles sobre el lado real de la economía y el sector de las importaciones es clave.