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miércoles, 20 de noviembre de 2013

"Atender los reclamos de los sectores medios es más difícil que bajar la pobreza"

No, no fue una chicana de Moreno a modo de despedida. El que lo afirmó fue el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, en entrevista a LPO.

Textualmente afirmó: “Bajar la pobreza del 40% al 11% como hicimos en Chile no fue fácil, pero es más fácil que atender los reclamos de los sectores medios”.

sábado, 12 de octubre de 2013

Clase media



En la España del ajuste neoliberal lo que crece es el número de millonarios y el de pobres.

“A la vez que el salario medio se ha reducido un 0,6%, el número de personas en el Estado español con un patrimonio valorado en más de un millón de dólares -el equivalente a 740.000 euros- ha experimentado entre mediados de 2012 y la primera mitad de 2013 un crecimiento del 13,2%, hasta un total de 402.000 personas, según un estudio de Credit Suisse”, señala el diario vasco Noticias de Alava.

A su vez, la tasa de pobreza ha pasado del 19,7% de los hogares españoles en 2007 al 21,1 en 2012. “Un incremento que se produce a pesar de que el umbral de pobreza ha pasado de 15.900 euros al año por hogar (dos adultos y dos menores) en 2009, a 14.700 euros al año en 2012. Es decir, que para ser considerado pobre hay que ser más pobre que antes. Esto ha producido que muchos jubilados que hace años estaban en situación de pobreza, ahora no lo están aunque la pensión sea la misma y los precios hayan aumentado”, señala el diario El País.

Desde Cáritas han señalado que "nos aproximamos a un modelo social darwinista (anglosajón) con pocos ganadores y muchos perdedores".

Mientras tanto, en la Argentina que viene remontando esas delicias que regala el neoliberalismo, un análisis de la consultora especializada en consumo W, en base a los datos de la Asociación Argentina de Marketing (AAM) y de la Sociedad Argentina de Investigadores de Marketing y Opinión (SAIMO), el 46% de los hogares argentinos es de clase media, cuando en 2004 sumaba el 39%.

En apoyo a estos datos, un informe del Banco Mundial, con otra metodología y datos de 2010, destaca que la Argentina es el segundo país de la región con más clase media (48% de la población), apenas por debajo de Uruguay (con 48,1%).

Asimismo, el BCRA destaca que más del 90% de los empleados cuenta con un empleo pleno o de tiempo completo, cuando en 2003 la proporción era de 79%.

Esperemos que esta creciente clase media no se vuelva a suicidar y recuerde lo que le sucedió cuando se dejó encantar por los cantos de sirenas que nos prometían ser parte de un primer mundo que hoy se ahoga en su propia salsa.

“Ha llegado el momento de que las clases medias, que son el equilibrio y la garantía del orden y del progreso en todos los países civilizados –no en los subdesarrollados, en que predominan los líderes y los demagogos-  deben unirse para contrarrestar los ímpetus de la masa, dirigida por provocadores y aprovechados”. Tribuna Cívica, Nº 77, del 21 de agosto de 1958.

Cívicos de ayer, cívicos de hoy… Qué hay de nuevo, viejo?

sábado, 7 de julio de 2012

Peronismo y clase media

Revisando de ojito el diario conservador La Nación, me he cruzado con el amigo Carlos Pagni quien se detiene en una encuesta realizada a un puñado de porteños para afirmar que Cristina se vuelve a enfrentar a la clase media. Mejor dicho sería al "medio pelo" argentino.

Y ya que mencionamos al "medio pelo" este chascarrillo de Pagni me hizo recordar un fragmento releído recientemente de un texto que no pierde vigencia escrito por Don Arturo Jauretche: El medio pelo en la sociedad argentina.

Allí Don Arturo afirmaba:


Cierto es que el peronismo cometió indiscutibles torpezas en sus relaciones con ellas. Por un lado lesionó, más allá de lo que era inevitable conceptos éticos y estéticos incorporados a las modalidades adquiridas por las clases medias en su lenta decantación. Por otro las agobió con una propaganda masiva que si podía ser eficaz respecto de los trabajadores, era negativa respecto de ellas porque no supo destacar en qué medida eran beneficiarias del proceso que se estaba cumpliendo, como compensación de las lesiones que suponía. No supo tampoco comprender el individualismo de esas clases constituidas por sujetos celosos de su ego, proponiéndoles una estructura política burocrática, organizada verticalmente de arriba a abajo y en la que la personalidad de los militantes no contaba; así se convirtió la doctrina nacional cuya amplitud permitía la colaboración, o por lo menos el asentimiento desde el margen del hecho político en una doctrina de partido que exigía la sumisión ortodoxa y la disciplina de la obediencia más allá del pensamiento, a la consigna y hasta el slogan.

Esto mucho antes que esos errores culminaran con la pérdida de la cohesión en las Fuerzas Armadas que a través de episodios adjetivos se distanciaban de los objetivos nacionales que las habían hecho factores básicos del proceso, y se permeabilizaban a la penetración de las propagandas adversarias y extranjeras. Todo esto culminó en el inexplicable conflicto con la Iglesia que terminó por aislar al movimiento de los trabajadores, de los importantes sectores de clase media y burguesía que lo habían acompañado.

Es necesario hablar de errores de conducción. Otra cosa, sería si el propósito deliberado hubiera sido establecer una estructura fundada en un gobierno clasista. Pero eso no estaba ni estuvo aun después de la caída, en el ánimo de la conducción que tenía clara conciencia de las necesidades policlasistas del movimiento nacional que expresaba, y ni siquiera estaba en los mismos sectores del trabajo que lo acompañaron. El movimiento era, y no pretendió nunca ser otra cosa, un frente nacional para la formación de una Argentina moderna retomando el camino de la Patria Grande y abierto a la coincidencia de todos los grupos sociales no ligados a la situación de dependencia de la Patria Chica y sus intereses.

miércoles, 13 de julio de 2011

Pensando la "clase media" argentina

Prestar atención a eso de la "clase media" como identidad social (video del año 2009)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Pensando a la "clase media" argentina


Cada tanto, en reuniones de amigos, entre trago y trago, discutimos sobre ese fenómeno que es la llamada "clase media". En la medida que avanzan esos debates, generalmente bien entrada la madrugada, me voy convenciendo que ese fenómeno social tiene más un carácter cultural que económico. Otra de las tantas cuestiones no resueltas que nos viene desde "civilización y barbarie", en pleno siglo XIX, y se consolidó tras el fenómeno del peronismo.

Una "clase media" que se empapó de los valores rentísticos que supo hegemonizar la oligarquía terrateniente, vinculándose así con otro asunto no resuelto por la sociedad argentina: país agroexportador o industrial con un mercado interno plenamente integrado.

Algún participante en estos debates se arriesga a definirla como un hecho estético. Siempre se aclara que dentro de sus imprecisos límites hay actores y comportamientos heterogéneos. Todo ello, más los vapores etílicos, no hacen más que agregar densidad y confusión al asunto.

Hoy leemos en Página/12 una entrevista a Ezequiel Adamovsky, investigador del Conicet y autor de Historia de la clase media argentina (Planeta). Rescatamos aquí algunos conceptos que pueden servir para seguir rompiéndose la croqueta pensando a la "clase media" argentina.

- Es un conglomerado muy diverso y, de hecho, históricamente, no ha actuado de manera homogénea ni a través del tiempo ni internamente.

- Tiene, por un lado, una serie de características que hacen a la propia idea de clase media y que aparecen en otros países: la idea de que la clase media es algo que está entre ricos y pobres, que encarna la moderación, la racionalidad y la movilidad social. Pero además hay características propias del caso argentino. Una es que la identidad de clase media nació con una marca política muy fuerte, surgió como reacción al peronismo, como una separación respecto de esa plebe insubordinada que había aparecido. La identidad de clase media nació con la marca antiperonista. En Argentina se presupone que alguien de clase media no es peronista, así como se presupone que alguien del bajo pueblo es peronista. Ninguna de las dos cosas es necesariamente cierta. La identidad surgió con otras dos marcas asociadas. Una es étnico-racial: la forma en que se despreciaba al bajo pueblo por sus rasgos, por “cabecita negra”. En contraste, la clase media apareció entonces asociada a lo blanco y europeo, como descendiente de la inmigración y baluarte del progreso: los que vinieron a trabajar por oposición a los que estaban acá y eran un obstáculo.

- La identidad de clase media entronca con mensajes previos que venían desde el siglo XIX. Desde Sarmiento y Mitre en adelante, en los grupos de elite había un fuerte discurso que asociaba al país con lo europeo, a lo criollo con un rasgo de inferioridad, y vinculaba a la Argentina con el relato de la modernización.

- La expresión “clase media” fue introducida por políticos e intelectuales ubicados a la derecha del arco ideológico, que intentaron incentivar un orgullo de clase media para contrarrestar los lazos de solidaridad entre los sectores más bajos del pueblo y el escalón superior. (...) Estos llamamientos fueron muy intensos a mediados de los ’30, por la preocupación que generaba el comunismo. Pero el momento cuando todo esto se convierte en una identidad y es adoptado por un amplio sector de la población es 1946. Después de la derrota de la Unión Democrática ante Perón, se hace carne la identidad de clase media, con sus marcas políticas, culturales y étnicas.

- La tensión entre una identidad antiplebeya y el hecho de que las personas concretas de sectores medios muchas veces actúan junto a las clases populares es una constante de la historia nacional, y sigue presente hoy. La clase media como tal no es un sujeto político.

- Cuando cae Perón ya hay una identidad de clase media instalada, por primera vez hay gente que se considera de clase media y no parte del pueblo. (...) En esa época surge un elemento que no está en otros países: el desprecio enorme que personas de la clase media tienen contra la propia clase media. Esto aparece con Jauretche, Ramos, Sebreli y otros ensayistas que acusan a la clase media de racismo, de no entender los problemas nacionales y aliarse con la elite. (...) La disputa se salda, provisoriamente, con el Proceso. Ahí hay una derrota del proyecto que trataba de situar al trabajador como eje de la nación. La imagen de la Argentina como país de clase media queda entonces indisputada. De algún modo, eso encarna en el alfonsinismo, que aparece como superación del peronismo y vuelta a la “normalidad”, con fuerte protagonismo de la clase media. La identidad penetra muy hacia abajo, generando ese fenómeno que vemos todavía hoy: gente incluso muy pobre que cree ser de clase media. Durante los ’80 y ’90 esta identidad continúa sin disputa, hasta que el país colapsa.

- Casi no hubo político argentino que insistiera más en el orgullo de clase media que Kirchner. Con la normalización económica y política que trajo su gobierno, se volvió a una separación más clara entre quiénes eran clase baja y quiénes no. Y el conflicto de 2008 con las entidades del campo fue una especie de cierre de época. Hubo una puesta en escena en la que los sectores que apoyaban al campo se apropiaron del lenguaje de 2001 con un sentido opuesto. Salieron a cortar rutas y a cacerolear, pero con un proyecto excluyente.