miércoles, 30 de septiembre de 2009

Kraft: "la empresa toma la decisión de tomarse una revancha con trabajadores"


Hoy Página/12 publica una entrevista al ministro Carlos Tomada y a Noemí Rial donde se analizan algunos aspectos del conflicto en la fábrica Kraft (ex Terrabusi). Reproducimos algunos fragmentos:


–Más allá de todas las intervenciones que ustedes describen, los trabajadores le reclaman al Ministerio que hizo poco para terminar el conflicto.
Carlos Tomada: –Lo que llaman inacción fue un trabajo permanente de varios funcionarios del ministerio para poder armar una mesa de negociaciones, a la que se negaron sistemáticamente ambas partes. Acá ha habido una actitud de intransigencia patronal muy grande, al punto tal que cuando nos sentamos a negociar el lunes por primera vez un principio de solución, se reunieron cada uno en una oficina separada en donde nosotros hacíamos de intermediarios. Habla de una actitud donde todas las reglas y todas las prácticas, que muchas veces no trascienden en los medios, fracasaban porque nadie quería buscar la salida. Lo decimos habiendo intervenido en innumerable cantidad de conflictos tan difíciles o duros como este y haber siempre encontrado un resquicio. Esta vuelta no lo encontramos.


–¿La participación y actitud de Ministerio de Trabajo fueron distintos durante este conflicto? ¿Faltó decisión política?
C.T: –No. Hemos transpirado desactivando conflictos con sindicatos que responden a la CTA, o de cualquier gremio barrionuevista. En los últimos años se recuperó la capacidad de arbitraje del Estado, de mediación. Pero en este caso fue imposible lograr que las partes se sentaran. No solamente tuvimos reuniones con ellos, sino que mandamos inspectores y fueron maltratados en la empresa por la comisión interna. Los trabajadores tienen sus puestos asegurados. No nos pueden decir que nos desentendemos de los temas o que no hemos actuado.


–Si no tiene que ver con una cuestión económica, ¿dónde se enmarca el conflicto?
C. T.: –En un conflicto donde la empresa toma la decisión de tomarse una revancha con trabajadores a los que acusa de haber roto y no permitir la salida de directivos del establecimiento. Este es un conflicto de otro orden, no es un conflicto laboral como en los que nosotros intervenimos para defender los puestos de trabajo. Los casi tres mil puestos de trabajo están asegurados, la empresa se comprometió a no tocar a nadie de los tres turnos. El conflicto tiene aristas complejas, que excede a los despidos. Es un conflicto político. En todo caso, esa calificación no tiene que ser descalificante.

–¿Qué rol jugó la embajada de Estados Unidos en el desarrollo del conflicto?
C. T.: –Todo eso es una ridiculez. Que haya sido sostenido por algunos medios es un agravio. Hemos tenido cientos de conflictos con firmas norteamericanas, alemanas, francesas. En muchos casos nos han llamado para averiguar pero para nosotros jamás ha sido una presión. A mí me presiona mucho más la situación de un trabajador despedido que el llamado de cualquier embajada.


–El titular de la Unión Industrial, Héctor Méndez, advirtió que existe un “panorama muy complicado con conflictos como el de Kraft que se reproducen en distintas provincias”.
C. T.: –Me sorprendieron mucho las declaraciones de Méndez. No es lo que me dice cuando se reúne con nosotros y nos agradece las gestiones para resolver los conflictos.
N. R.: –En el curso de un escenario de crisis global del empleo se firmaron 350 acuerdos salariales, cuando nadie en el mundo habló de salarios. De todos esos, le pregunto a Méndez cuántos conflictos reales hubo. Que me nombre tres seguidos. La UOM no llegó a extremos de este tipo, petroleros privados lo resolvimos, Techint se desactivó, con el Repro (Recuperación Productiva, subsidio al salario en empresas en situación de crisis) evitamos muchísimos despidos y suspensiones. Méndez, en varias oportunidades, reconoció lo bien que le fue durante la gestión Kirchner. Más de 4 millones de trabajadores cerraron acuerdos sin conflicto. Es llamativo que la UIA tome parte tan rápido sin consultarnos antes. El conflicto de Kraft es complejo, como pasó con el Garrahan, porque se extiende en el tiempo y cuando sucede esto pierden los trabajadores. Nosotros se lo dijimos a (Ramón) Bogado (delegado). Los que menos resto tienen son los trabajadores.


–¿Cómo evalúan las repercusiones sociales que tuvo el conflicto?
C. T.: –No hay condiciones objetivas, ni económicas ni sociales para los innumerables cortes de tránsito que se están realizando. Es muy raro. No digo que estemos en el mejor de los mundos en materia social, pero tampoco estamos en el quinto infierno. En la radio, en la televisión y los diarios hablan de cortes y paros por todos lados, pero yo me pregunto: ¿Por qué no hablaban igual de los cortes cuando estaba el conflicto con el campo? Ahora están todos sacados con que no se puede vivir en la ciudad de Buenos Aires por el “caos” que significan los cortes de calles. Durante el conflicto con el campo estaban desabasteciendo el país y los mismos que ahora se quejan los justificaban.

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