viernes, 3 de abril de 2009

Cumbre de Líderes Progresistas en Viña del Mar. Mares calmos, países embravecidos


Por Claudia Bernazza (Diputada Nacional)

Corría un aire marino, gris, que apenas se hacía sentir y que invitaba al buen ánimo. Era un aire tan propio de Viña, tan chileno. Era un clima y un estado de ánimo. Esa tristeza tan festiva. Esa alegría tan cauta.

Allí, Michelle, correcta y cordial, recibió como anfitriona a sus pares del Sur y a primeros ministros que se definen como progresistas, al menos del progresismo tal como se entiende en Europa: José Luis Rodríguez Zapatero, Gordon Brown y Jens Stoltenberg, el primer ministro de Noruega. Con ellos, y con Joe Biden, segundo de Obama, conversaron Cristina, Lula y Tabaré Vazquez.

Tabaré, como Michelle, cuidó las formas y los contenidos, con posiciones claras en cuanto a las necesidades de un continente que busca desesperadamente su desarrollo. No fue poco, si se tiene en cuenta el tipo de relación que entablaron los países de América Latina con los países centrales a lo largo de su historia.

Pero quisiera hablar de lo que rompió las reglas, las formas, los lenguajes. Las palabras que escuché y que creí que nunca llegaría a escuchar. El asombro que produjeron, que puede perderse en el fárrago de las noticias.

Entre Cristina y Lula dijeron algo que sonó a somos-esto-que-somos-desde-aquí-miramos-el-mundo-desde-aquí-lo-soñamos. Pero estas palabras no valen tanto como a quién y dónde fueron dichas. Los interlocutores y el escenario hicieron la diferencia.

El día anterior, en la cena de bienvenida, hablaron un representante noruego y uno inglés, en perfecto inglés. También habló un ministro chileno. En perfecto inglés. Los argentinos no podíamos creer lo que estaba pasando, algunos chilenos también se enojaron. ¿Estamos tan colonizados que pueda ocurrir que un ministro latinoamericano hable en inglés en una Cumbre que se hace en su país? Aclaro que no sólo sonaba patético sino también innecesario, porque las traducciones eran simultáneas a todos los idiomas.

En este contexto, al otro día dijeron lo que dijeron Lula y Cristina.

Cristina, con una inteligencia que le ahorra lecturas y estridencias, pidió reglas a ser cumplidas por todos que den lugar a organismos supranacionales pensados para la inclusión. Lula, con pasión, agregaba que el mercado internacional era lo más parecido a un casino, donde se fijaban precios según un juego perverso. Nadie los detuvo. La libertad y la paridad eran las dueñas de la escena.

A diferencia de otros líderes, otros escenarios y otras épocas, ni Cristina ni Lula se esforzaron por congraciarse con sus pares del Norte. Sin embargo, o quizás por esta razón, Biden tomó como referencia las preocupaciones de Cristina y un atildado Brown no pudo menos que asentir ante las afirmaciones de Lula: había hecho un llamado a los valores como constructores de las reglas de convivencia internacional.


Ni Cristina ni Lula pidieron compasión, o ayuda, o auxilio. Pidieron reglas claras.

Los que fuimos testigos, agradecidos. La historia no es pródiga en estos capítulos.

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